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The reception of Postulants into novitiate the Renovation of Vows of the Brothers 31/01/2020

The reception of Postulants into novitiate is very year in the Congregation of the Missionaries of Mariannhill. On this day as congregation we receive postulants to different units of our congregation, such

1- Mariannhill Province Two Postulants

2- The Region of Mthatha One Postulant

3- Zimbabwe Province One Postulant

4- The Region of Zambia Four Postulants

5 – East Africa Region Three Postulants

The reception of the new postulants into the Noviatiate was leading by Provincial of Mariannhill Fr. Bhekinkosi Melchion Shabalala, CMM, during the evening prayer.



Photo by Br. Carlos de Albertina Saimone Carlos, CMM

Ordenacion Sacerdotal: Emocion y Content

 “Que EMOCION, poder ver cómo a uno le hacen cura”, lo decía uno todo emocionado antes de comenzar la ceremonia, y lo coreaban muchos de los que acudieron a la ordenación de José Ferney en la iglesia de su pueblo San Isidro del Ariari, un pequeño y bello pueblo de los llanos orientales de Colombia en el departamento de El Meta, Colombia.

La emoción era fuerte y contagió a todos los participantes, aunque por diversos motivos. Fueron muchos los factores que contribuyeron para que esta celebración se pudiera celebrar. En primer lugar, el deseo de José de ser ordenado en su pueblo donde vive toda su familia. En segundo lugar, la disponibilidad y contento de Monseñor José Figuerora, Obispo de Granada a la que pertenece el pueblo de José. En tercer, la apertura y disposición del párroco, la plena conformidad de la familia de sangre de José y de la Familia de Mariannhill. Por último, hasta los fenómenos climatológicos fueron muy favorables.

En un ambiente sencillo, digno y solemne, con carácter familiar comenzó y se desarrolló la ceremonia de la ordenación que comenzó con puntualidad adecuada. La entrada procesional a la Iglesia, encabezada por los monaguillos, seguida por el que iba a ser ordenado acompañado por madre y hermana, y por los sacerdotes de la diócesis de Granada y de la Congregación de Mariannhill ,que precedían al señor Obispo, elevó el nivel emocional de la gente que llenaba el templo.

La ceremonia recuperó el ambiente de sencillez y cercanía cuando el Señor Obispo saludó a la gente de una forma tan sencilla que hizo sentirse a todos no solo como meros asistentes sino como activos participantes. En la homilía, el Obispo marcó muy claro lo significativo del sacerdote: ser un servidor fiel a Dios, humilde consigo mismo y generoso con todos los demás.

Estos rasgos la gente los fue entendiendo cuando José se postraba en el suelo para el canto de las letanías de los santos; el Obispo lo explicaba diciendo que para ser fiel a Dios hay que morir a uno mismo, para levantarnos luego dispuestos a morir por los demás y para ello suplicar la ayuda de todos los santos. Las lágrimas corrían por las mejillas de muchos mientas todos respondían a las aclamaciones de los santos con un fuerte “te rogamos, óyenos”.

La imposición de las manos sobre el ordenando, primero por el Obispo y después por los sacerdotes, elevaba aún más la emoción habiendo oído al Obispo decir que ese era el momento cumbre de la ordenación cuando José se convertía en sacerdote. El silencio de ese momento era tan profundo que, como alguien dijo después, se podía sentir la bajada del Espíritu Santo. La imposición de las vestiduras del nuevo sacerdote, la consagración de las manos, la entrega del cáliz y la patena, seguido del abrazo dado al nuevo sacerdote por el Obispo y demás sacerdotes, rompió la emoción de muchos en llanto y en contento de todos.

Al final de la ceremonia, José nos recordó, desde su sencillez y humildad, que si había llegado a este punto era porque haber creído en Dios y porque la gente de su familia, de su pueblo, sus formadores, y otros que le vieron crecer habían creído en él.

A todos ellos, quiso José agradecérselo con unas palabras; la emoción dificultó la pronunciación verbal de esas palabras, pero todos oyeron esas palabras que salían del corazón de José y respondieron con un fuerte y largo aplauso.

La gente aprendió no solo como “uno se hace cura”, sino que se dieron cuenta de que, sin saberlo, ellos también habían ayudado a José “a llegar a ser cura” y eso les lleno de CONTENTO y lo celebraron con mucha alegría.



Priestly Ordination: Emotion and Contentment

“what an EMOTION, to be able to see how one is made a priest,” said, one was to attend the ceremony of the ordination of José Ferney in the church of his village, San Isidro del Ariari, a beautiful little village in the department of El Meta, Colombia.

The emotion was strong and spread to all participants, albeit for various reasons. There were many factors that contributed to this celebration being celebrated. First, Joseph’s desire to be ordained in his village where his whole family lives. Secondly, the availability and contentment of Monsignor José Figuerora, Bishop of Granada’s diocese, to which the village of José belongs. Third, the openness and disposition of the parish priest, the full conformity of the blood family of Joseph and of the Mariannhill Family. Finally, even the weather forecast was very favorable.

In a simple, dignified, solemn and family atmosphere began the ceremony. The processional entry to the Church, led by the altar boys, followed by the one who was to be ordained, accompanied by mother and sister, and by the priests of the Diocese of Granada and of the Congregation of Mariannhill, who preceded the Bishop, raised the emotional level of the many people filling the temple.

The ceremony recovered the atmosphere of simplicity and closeness when the Bishop greeted the people in such a simple way that he made everyone feel not only as mere assistants but as active participants. In the homily, the Bishop made it very clear what was the most significant of being a priest: to be a faithful servant to God, humble with himself and generous to all others.

These traits were understood by the people when Joseph fell to the ground for the singing of the litany of the saints; the Bishop explained it by saying that in order to be faithful to God one must die to oneself and to rise up, ready to die for others. Tears ran down the cheeks of many as they all responded to the Saints’ acclamations with a strong “we pray to you Lord, hear us.”

The laying of hands on the one to be ordained, first by the Bishop and then by the priests, further raised the emotion having heard the Bishop saying, that this was the peak moment of ordination when Joseph will become a priest. The silence of that moment was so deep that, as someone later said, you could feel the descent of the Holy Ghost. The imposition of the new priest’s garments, the consecration of hands, the handing over to him of the chalice and the patena, followed by the embrace given to the new priest by the Bishop and other priests, broke the emotion of many in tears and of all orders in contentment.

At the end of the ceremony, Joseph reminded all, from his simplicity and humility, that if he had reached this point it was because he had believed in God and because the people of his family, his village, his formators, and others who saw him grow, had believed in him.

To all of them, Joseph wanted to thank with a few words; emotion made it difficult to verbally pronounce these words, but all people present heard those words coming out of Joseph’s heart and responded with a long applause.

People learned not only how a person “becomes a priest,” but they realized that, themselves, had also helped Joseph to “become a priest” and that filled them with CONTENTMENT and celebrated it with great joy.